Nuestra Filosofia Ministerial

          Es esencial que la congregación comprenda que es un organismo establecido para la gloria de Dios. Hemos de tomar a Dios seriamente y exaltarle sobre todo lo demás. El centro de nuestra adoración y vida es Dios. Cuando tenemos una visión elevada de Dios y un relación correcta con Él, todo lo demás ocupará su lugar adecuado (1 Crónicas 29:11; Salmo 8:1; Isaías 40:12-31). Nuestra visión elevada de Dios se puede observar en:

Adoración integral
        Buscamos exaltar a Dios todos los días de la semana, y no tan sólo en nuestras reuniones eclesiales. Deseamos agradar a Dios en todo, comenzando por nuestra vida personal, familiar y laboral.

Enseñanza teocéntrica
        Damos prioridad a la enseñanza de las perfecciones de Dios, especialmente sus atributos comunicables, que muestran su grandeza y santidad, de tal manera que estos produzcan reverencia y adoración hacia su carácter esplendoroso.

Estilo de alabanza
        Damos prioridad al canto congregacional sobre la música. Lo
más importante de nuestras canciones son la voz de las personas exaltando a Dios. El estilo musical será secundario, aunque cada músico estará comprometido a tocar con excelencia. Se buscará cantar con emoción y devoción al Señor.

Contenido de las canciones
        Elegimos cada himno y canción por su contenido doctrinal, buscando que las verdades que expresan sean bíblicamente correctas y exalten al Dios trino. Las canciones estarán centradas en Dios y su Palabra, y no en el hombre.

Centrados en Dios
        Aunque buscamos estar en paz con todos los hombres y ser amables con todos, finalmente no tratamos de agradar a los hombres, sino glorificar a Dios en todo (Gálatas 1:10).

          Toda la Biblia es inspirada por Dios y, por lo tanto, no contiene ningún error, ni va a conducir al error (2 Timoteo 3:16; Salmo 19; Mateo 5:18). De este modo, la Palabra de Dios es todo lo que necesitamos para la vida y la piedad, sin mezclarla con ideas ni sabiduría humana (2 Pedro 1:3; Colosenses 2:8). La Biblia es nuestra única fuente de autoridad (Salmo 119; 1 Timoteo 4:11). Tanto la salvación como la santificación se producen únicamente por medio de la Palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo (1 Pedro 1:23-2:2; Juan 17:17; 1 Tesalonicenses 1:5-6; Santiago 1:18). Esta primacía de la Palabra se verá reflejada de varias maneras:

Identidad y autoridad bíblica:
          No pertenecemos a ninguna denominación en particular, sino que somos una iglesia autónoma que mantiene libremente relaciones fraternales con iglesias doctrinalmente afines. Nuestra autoridad final es la Palabra de Dios.

Prioridad de la proclamación y enseñanza:
          Nuestras reuniones se caracterizarán por la exposición bíblica. La comunión, las oraciones o las canciones de alabanza son importantes, pero el centro lo ocupará la exposición de las Escrituras, tanto en forma como en tiempo (2 Timoteo 4:2).

Predicación Expositiva:
           La enseñanza bíblica en los distintos contextos (congregacional, estudios bíblicos, discipulados, jóvenes, niños, etc.) siempre se caracterizará por ser expositiva. Después de haber estudiado el texto en profundidad siguiendo los principios hermenéuticos históricos y gramaticales, se explicará y aplicará versículo a versículo en su contexto bíblico (2 Timoteo 2:15). El resto de recursos serán secundarios y de apoyo para reforzar la exposición de la verdad bíblica.

Lectura de la Palabra:
           Animamos a los creyentes a mantener durante la semana una vida de lectura de la Palabra para que su vida se vaya conformando al carácter de Cristo y crezcan en su santificación progresiva. Igualmente, la lectura bíblica tendrá lugar de alguna manera durante nuestras distintas reuniones eclesiales (1 Timoteo 4:13).

Importancia de la doctrina:
          Es indispensable tener una doctrina que emane directamente de las Escrituras. La verdad de las Escrituras se aglutina en doctrina. La base de la unión espiritual verdadera es la doctrina, la cual estamos llamados a preservar y proclamar (Efesios 4:1-6; 1 Timoteo 3:15). Por esta razón, hemos desarrollado una Declaración de Fe de las doctrinas fundamentales que enseñamos. Cada miembro de la Iglesia ha de leer y afirmar las mismas.

Consejería Bíblica:
          Todos nuestros consejos pastorales y fraternales, tanto en público como en privado, han de estar gobernados por la enseñanza y guía de la Palabra de Dios. No integraremos con la Palabra de Dios principios basados en nuestras propias ideas, experiencia, ni sabiduría humana en nuestra consejería.

           La Iglesia jamás debe bajar sus estándares bíblicos para hacerlos equiparables a los del mundo. Estamos llamados a vivir vidas santas (1 Pedro 1:13-16) y diferenciarnos de la sociedad conforme Cristo ha cambiado nuestros corazones y vidas (Romanos 12:1-2; Romanos 8:1-17). Este énfasis en la santidad personal se practica de las siguientes maneras:

Santificación progresiva
        Creemos que mientras Cristo nos justifica y santifica posicionalmente por completo en el momento de la salvación, la santificación práctica sucede progresivamente en la vida del creyente. Todo creyente verdadero dará fruto y crecerá espiritualmente. Es la obra de Dios por medio de su Palabra y en el poder de su Espíritu, según estamos firmemente arraigados y cimentados en Cristo. Igualmente, el creyente es responsable de obedecer sus mandamientos y crecer espiritualmente (Filipenses 2:12-13).

Responsabilidad personal
        La santidad personal es la obra de Dios por medio de su Palabra y en el poder de su Espíritu, según estamos firmemente arraigados y cimentados en Cristo. Igualmente, el creyente es responsable de obedecer sus mandamientos y crecer espiritualmente (Filipenses 2:12-13). Todo creyente buscará ser un oidor activo de la Palabra (lectura personal, prestar atención en las predicaciones, etc.) y un hacedor de la misma para la gloria de Dios (Santiago 1:22-25).

Discipulados
        Aunque la santidad personal es una responsabilidad de cada creyente, la iglesia provee distintos discipulados para contribuir a ese crecimiento espiritual. Creemos que todo creyente ha de estar involucrado en algún tipo de discipulado dependiendo de su edad (niños, jóvenes, adultos), género (hombre, mujer) y circunstancias de su vida (bautismo, noviazgo, matrimonio, hijos, etc.).

Disciplina bíblica
        Los cristianos son llamados a la pureza y jamás debemos ignorar ese llamado. Tenemos la convicción de que la iglesia debe confrontar y en su caso disciplinar al cristiano que peca y no muestra arrepentimiento. La disciplina bíblica busca la restauración del hermano en pecado, y finalmente, si no se arrepiente la preservación del testimonio y el nombre del Señor, excomulgando y no juntándose con los que llamándose hermanos perseveran en sus conductas pecaminosas (Mateo 18:15-17; Gálatas 6:1; 1 Corintios 5; Tito 3:10; Romanos 16:17-18; 2 Tesalonicenses 3:6; 14-15; 2 Timoteo 3:5; 2 Juan 10-11).

        Estamos convencidos de que la Iglesia está llamada a cumplir la gran comisión de Jesucristo, es decir, a hacer discípulos de Cristo de toda raza y nación, bautizándoles por inmersión en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar la Palabra de Dios para que puedan crecer en su semejanza a Cristo (Mateo 28:18-20). Nuestro compromiso con la gran comisión se observa en:

Una antropología adecuada
        En lugar de alimentar su autoestima y ego, oramos que el hombre sea humillado delante de Dios, reconociendo su pequeñez y pecaminosidad (Job 40:4; Salmo 8:4; Romanos 3:23). Todo hombre es pecador por naturaleza y, por lo tanto, peca (Salmo 51). Su corazón es engañoso (Jeremías 17:9-10), sin que haya justo ni aún uno, ni quién haga lo bueno delante de Dios (Romanos 3:10-18).

Un evangelio bíblico
        El hombre está muerto en sus delitos y pecados, y por lo tanto necesita nacer de nuevo (Efesios 2:1-3; Juan 3:1-15). Dios es el único que tiene poder para obrar el milagro de la salvación en su soberana voluntad (Efesios 1:3-14). La seguridad de su salvación no estará depositada en una oración o decisión personal, sino en una conversión verdadera que produzca arrepentimiento y fe en Cristo como Señor y Salvador, lo cual resultará inevitable e inequívocamente en una vida transformada que crezca en el fruto del Espíritu (Marcos 1:14-15; Efesios 2:8-10; Romanos 10:9; Gálatas 5:22-23).

La centralidad de Cristo
        Cristo es central y fundamental para la salvación y la santificación del creyente, y por lo tanto a Él nosotros proclamamos y exaltamos (Colosenses 1:28; 2:6-7; Filipenses 2:9-11). El hombre sólo se puede acercar y reconciliar con Dios a través de su Hijo Jesucristo, Dios hecho hombre (Juan 14:6; Hechos 4:12; Romanos 5:1; 2 Corintios 5:17-21). Cristo vivió una vida sin pecado, murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó al tercer día y un día volverá (1 Corintios 15:3-4).

Cultos de bautismos
        Observamos la ordenanza de Cristo de bautizar a aquellos que han sido salvos por gracia, por medio de la fe y le siguen como sus discípulos. Realizamos regularmente cultos de bautismos. Los que han superado el curso de bautismos son bautizados por inmersión bajo la supervisión y aprobación de los pastores.

La evangelización como estilo de vida
        Creemos que la evangelización ha de ser parte de la vida de cada creyente. Llamamos a los miembros de esta iglesia a testificar a las personas acerca del arrepentimiento y el perdón de pecados a través de la fe en Cristo como el Señor y Salvador. La evangelización no será un acto especial y puntual, sino algo característico de la vida de todo creyente que lo realizará entre sus familiares, amigos, compañeros de trabajo y cualquier persona.

Una evangelización global
        Creemos que el evangelio de Cristo es para toda persona; independientemente de su origen, raza, clase social, edad o nación. En consonancia, buscamos extender el evangelio entre las naciones; empezando por nuestro vecindario y hasta los confines de la tierra. Así, tratamos de orar y apoyar a hermanos misioneros, especialmente que el Señor haya levantado entre nosotros, que son doctrinalmente afines y su dedicación principal es la predicación del evangelio y la Palabra de Dios.